Los lápices enfadados nacieron en cuatro habitaciones diferentes, donde los suspiros quemaban el aire y los pensamientos dibujaban bailes, donde las musas acariciaban las pestañas al dormirse y las realidades no dejaban en paz a los guerreros de los sueños. En un mundo que no nos pertenece, en unas circunstancias cualquiera, en una vida que nos juntó, eranse una vez unas periodistas licenciadas con ganas de escribir. Sus lápices enfadados estaban un poco aburridos. Hola mundo, antes de que te acabes, tenemos algo que decir, algo que disfrutar, algo que sentir.
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